Nos vamos a los cortos días invernales en el Norte, en Santander cuando el sol se pone más pronto.
He estado recuperando fotografías de viajes pasados de hace ya bastantes años, en concreto un viaje que hicimos en familia por el norte de Europa. Una de las primeras paradas, La Rochelle.
Después de este perezoso invierno sin apenas nieve (al menos en Madrid) viene la primavera, y con la primavera la floración de muchos árboles y plantas. Aunque no descarto que este año se hayan adelantado con este invierno tan raro.
Un aspecto bien diferente nos presenta el Cantábrico en invierno si lo comparamos con lo que acostumbramos a ver en verano.
Con un mar mucho más ajetreado es con lo que nos encontramos, olas de buen tamaño que rompen junto al paseo marítimo y alcanzan la zona peatonal, no se sabe si ha llovido o ha roto una ola de buen tamaño. No siempre en la misma dirección, entre la Playa del Camello y la Primera Playa del Sardinero hay varias rocas que hacen ir a las olas en diversas direcciones y unas contra otras.
En esta fotografía se puede ver lo que trato de describir en palabras y el horizonte con una bonita combinación de nubes; tomada cubierto por mi abrigo, porque lo cierto es que si que llovía
Queda claro que estos Vuelvepiedras no habían tenido suficiente con su comida a lo largo de todo el día y han decido aprovechar la caída de la noche para robar los restos a los Pingüinos de la Península de la Magdalena.